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Autorretrato de Artemisia como Alegoría de la pintura

Artemisa Gentileschi fue una pintora barroca italiana de la primera mitad del siglo XVII, hija de un pintor toscano llamado Orazio Gentileschi. Forma parte del grupo de pintores más completos de su generación, imponiéndose por sus cualidades técnicas en una época en que las mujeres no eran aceptadas fácilmente. Trabajó especialmente los cuadros de historia y la temática religiosa con un estilo próximo al de Caravaggio, el gran maestro italiano del tenebrismo. Su estilo se caracterizó por el dramatismo y los fuertes contrastes de luz dirigida que crea atmósferas cargadas de teatralidad.

Nació en Roma en 1593, donde se inició en los círculos pictóricos trabajando en el taller de su padre. Puesto que el acceso a la enseñanza de las academias profesionales de Bellas Artes era exclusivamente masculino, a los 19 años su padre le dio un preceptor privado, Agostino Tassi.

Artemisa se instaló en Florencia hacia 1614, tras contraer matrimonio. En esta ciudad fue admitida en la Accademia del Disegno (Academia de Dibujo) convirtiéndose en una exitosa pintora de corte. Mantuvo buenas relaciones con los artistas más respetados de su tiempo y la protección de personas influyentes. Tuvo una buena relación con Galileo Galilei con quien se mantuvo en contacto epistolar durante largo tiempo, mucho más allá de su periodo florentino.

En 1621, separada de su marido, Artemisia regresó a Roma, donde seguía muy presente la huella del maestro Caravaggio, que había muerto hacía ya una década. A pesar de su reputación artística, su fuerte personalidad y la red de buenas relaciones, Roma no fue tan lucrativa como ella esperaba. Se apreciaba su arte en los retratos y su habilidad para poner en escena a las heroínas bíblicas, pero a ella le estaban vedados los ricos encargos de ciclos de frescos y de los grandes retablos. La ausencia de suficiente documentación hace difícil seguir los movimientos de Artemisia en este periodo.


En 1638 Artemisia se reunió con su padre en Londres, donde ambos trabajaron juntos en la corte de Carlos I de Inglaterra en grandes composiciones de pintura al fresco. Allí murió su padre repentinamente, lo cual la obligó a terminar los encargos de éste.


Después Artemisia se instaló en Nápoles donde pasó el resto de su vida. De estos años apenas se conserva documentación. Su tumba se encontraba en la iglesia de San Juan de los Florentinos de Nápoles, que fue destruida tras la Segunda Guerra Mundial. En su lápida estaba escrito HEIC ARTEMISIA. Después de su muerte fue prácticamente olvidada.
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Judith decapitando a Holofernes Lucrecia